El esquema prevé que grupos de alrededor de 80 trabajadores se alternen en suspensiones de dos semanas. Durante ese tiempo, cobrarán entre el 75 % y el 80 % de su salario habitual, es decir, una reducción de hasta el 25 %. Georgalos asegura que no habrá despidos mientras dure este plan, y que evaluará su continuidad al finalizar el trimestre.
Sin embargo, la medida desató un fuerte rechazo sindical: la Comisión Interna convocó una protesta en la puerta de la fábrica y habló de un “plan de suspensiones indiscriminadas que perjudica la estabilidad laboral y los salarios de los 600 trabajadores”. En días previos, los operarios realizaron “asambleas masivas” en las que, según sus voceros, “rechazaron de forma contundente este nuevo ataque a nuestros derechos”.
Desde el sector gremial también advierten que, más allá del argumento oficial de Georgalos sobre la baja de ventas, el ingreso masivo de golosinas importadas —especialmente desde Brasil— estaría desplazando la producción local.
El malestar de los trabajadores refleja una mezcla de temor por el recorte salarial y preocupación ante lo que ocurrirá cuando termine el plazo de tres meses. El cronograma de suspensiones comprimirá el ritmo de la planta, pero no la paraliza por completo: Georgalos mantiene que la maniobra busca “acomodar los números a la realidad del mercado”, sin sacrificar empleo por ahora.

