Con las más de 50 seccionales ya definidas entre el 2 y el 5 de marzo, la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) llega al cónclave que elegirá la conducción nacional 2026-2030 envuelto en denuncias judiciales, un Colegio Electoral fragmentado y la sombra de posibles impugnaciones que podrían alterar el resultado final.

Las elecciones seccionales dejaron un saldo de contiendas internas habilitadas por el secretario general nacional, Abel Furlán. En la mayoría de los casos el oficialismo se impuso, pero un puñado de ellas derivó en presentaciones judiciales y reclamos de nulidad. El triunfo más contundente de la línea Furlán se registró en Zárate-Campana, aunque el opositor Ángel Derosso anunció que impugnará los comicios por supuestas irregularidades.
El foco de mayor polémica está en La Plata. Allí la lista opositora encabezada por Maximiliano Pierdominico denunció «padrones inconsistentes y la alteración adrede de la nómina de votantes». La diferencia entre Pierdominico y el histórico Antonio «Nino» Di Tomasso fue de apenas 71 votos. La oposición pidió la anulación de urnas cuestionadas y recurrió a la Justicia. Hasta el momento la Junta Electoral Nacional no avaló los resultados, por lo que los congresales electos de esa seccional aún no están reconocidos y no podrían participar –por ahora– en la votación del 18 de marzo. La situación pone en duda el rol de Enrique Salinas, referente platense y actual Protesorero de UOM nacional.

En Morón, Rubén Andrada logró su reelección, pero el opositor Juan Carlos Gualano no pudo presentar lista: la Junta Electoral le negó los formularios hasta que un fallo judicial obligó a entregarlos. La Cámara de Apelaciones terminó declarando abstracta la medida cautelar sin pronunciarse sobre la validez del proceso. También hubo internas en Villa Constitución (Santa Fe), San Francisco (Córdoba) y Río Grande (Tierra del Fuego), donde el oficialista Oscar Martínez se impuso por sólo 60 votos. Cada contienda generó ruidos y el peso de cada conducción ya no es el mismo.
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El sistema de elección nacional es indirecto: una vez constituidas las nuevas autoridades seccionales se forma un Colegio Electoral integrado por delegados congresales de todo el país. El peso de cada seccional depende del número de afiliados y del éxito local de sus líderes. Ese «poroteo» actual –según fuentes internas– le estaría dando a Furlán los votos necesarios para su reelección. Sin embargo, el escenario se describe como «incierto y en movimiento».

El histórico eje Zárate-Campana–Capital Federal–La Plata, clave en las elecciones y el rumbo histórico del gremio, hoy está roto. Furlán, que llegó a la conducción nacional en 2022 con un armado más federal, cuenta con el respaldo clave de Avellaneda y Vicente López, que juntas aportan un tercio del total de congresales.
Pero la indefinición de La Plata genera un dilema central: ¿se reconocerán sus congresales pese al conflicto judicial? Si se los admite y luego la Justicia anula la elección seccional, quedaría en duda la legitimidad de los votos emitidos en el Congreso Nacional. «Todos los votos cuentan», repiten en los pasillos del gremio.

En paralelo, Roberto Bonetti –reelecto en la poderosa seccional UOM Capital en sucesión de Antonio Caló– ratificó en su acto de asunción una posición de independencia: «Si no hay un acuerdo programático que marque rumbos contrarios a los actuales y una conducción que realmente represente los intereses de los trabajadores, esta seccional no tiene intereses. Como nos negamos hace cuatro años, nos vamos a seguir negando».
Quedan, por tanto, varias incógnitas abiertas: el reconocimiento o no de los congresales de La Plata, el posible impacto de las impugnaciones en la validez del Congreso del 18 de marzo y la capacidad de Furlán de sostener su mayoría en un gremio que, en palabras del propio Bonetti, hoy es «una bolsa de gatos». El 18 de marzo, el Colegio Electoral definirá no solo nombres, sino también si el proceso se cierra con consenso o con nuevas grietas internas y judiciales.

