La Unión Tranviarios Automotor (UTA) comenzó a transitar, de manera anticipada, un clima electoral marcado por tensiones crecientes, movimientos subterráneos y señales de reconfiguración interna. Aunque aún no están definidas ni la fecha de los comicios ni la conformación de la Junta Electoral, dentro del gremio ya se percibe una disputa en marcha de cara a las elecciones que se realizarán a fin de año.

El actual mandato de la comisión directiva, encabezada por Roberto Fernández —secretario general desde 2006—, se extiende hasta el 2 de enero de 2027. Sin embargo, el escenario previo aparece atravesado por incertidumbres: ¿buscará Fernández un nuevo mandato? ¿El oficialismo impulsará una figura alternativa? ¿Emergerá un candidato del interior o desde la propia conducción nacional?
Elecciones en UTA: Los primeros movimientos
En ese marco, el encuentro realizado el 18 de abril en Córdoba, en el hotel del gremio en Valle Hermoso, dejó más dudas que definiciones. Allí coincidieron el secretario de Asuntos Gremiales, Luis Orlando Duperre, y el secretario de Organización, Alberto Patiño, dentro de un mismo espacio interno.

Desde ese sector se bajaron mensajes de unidad —“tenemos que buscar la unidad” y “discutamos puertas adentro”—, aunque sin un aval explícito de la conducción que encabeza Fernández. Las señales, lejos de ordenar, dejaron en evidencia la falta de una estrategia clara de cara al proceso electoral.
Patiño, actual secretario de Organización, comienza a construir un perfil propio y se autoposiciona como un posible “heredero”. Según distintas fuentes, su agenda discursiva presenta similitudes con planteos que hoy expresan sectores opositores. Sin embargo, el armado que intentó mostrar en Córdoba no alcanzó la adhesión esperada, lo que expone límites en su consolidación interna.

Según pudo reconstruir Mundo Gremial, hoy no hay sectores que estén caminando con respaldo explícito de Fernández.
Bronca por «intromisión» externa
En paralelo, crece el malestar por la intromisión de actores externos en la vida institucional del gremio. En particular, genera ruido el rol de Horacio Otero, integrante de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y operador de la Secretaría Gremial de CGT que ostenta el gremio metalúrgico, quien impulsó una mesa del FRESU en la que sentó a Patiño.

La jugada fue leída como una injerencia directa en la interna de la UTA, tanto por tratarse de un dirigente ajeno al gremio como por el peso institucional que tiene dentro de la CGT. A eso se sumó la participación de representantes de los Metrodelegados, sindicato surgido en el subte bajo la órbita de la CTA, históricamente enfrentado con la UTA. El episodio profundizó el malestar y dejó expuestas tensiones que ya venían en aumento. Desde el entorno de Fernández no pasó desapercibido el gesto y hubo cuestionamientos.
El candidato del interior
Otro frente clave se ubica en el interior del país. Seccionales como Mar del Plata, Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero y Jujuy vuelven a posicionarse con peso propio tras los conflictos registrados en la última elección.

En ese esquema, cobra protagonismo la figura de Maximiliano Escriba, quien conduce la seccional Mar del Plata y, tras haber jugado en la elección pasada junto a Miguel Bustinduy, hoy aparece con proyección nacional. Según fuentes del sector, viene recorriendo el país y contaría con un fuerte respaldo de distintas seccionales del interior, consolidándose como una alternativa en la disputa.
Bustinduy, por su parte, se mantiene como una incógnita. Tras su ruptura con Fernández y la construcción de su propio espacio a través de la Agrupación Juan Manuel Palacios, actualmente se desempeña como secretario adjunto en la Unión de Conductores de la República Argentina (UCRA). Su rol en el proceso electoral aún no está definido.

La clave pasará por la capacidad de articulación de los sectores opositores: si logran confluir en una estrategia común o si terminan compitiendo fragmentados, lo que podría favorecer al oficialismo.
Colectiveros: un sector con conflictividad en aumento
Todo este entramado se desarrolla en medio de un contexto crítico para la actividad. El transporte automotor atraviesa una etapa de alta conflictividad, con focos de tensión en distintos puntos del país y cuestionamientos crecientes hacia la conducción de Fernández, a quien sectores internos le adjudican no haber podido —o querido— revertir la crisis en los últimos años.

Al mismo tiempo, el sector evidencia fuertes contradicciones con la realidad nacional: pérdida de puestos de trabajo, deterioro en la calidad del empleo y caída del poder adquisitivo de los salarios. En ese marco, la conflictividad se mantiene alta en distintos puntos del país y se profundizan los cuestionamientos hacia la conducción.
A nivel político-sindical, el histórico titular de la UTA también perdió centralidad. Fue desplazado de posiciones relevantes dentro de la CGT y hoy aparece relegado en los espacios de decisión del universo del transporte. En paralelo, emergen nuevas organizaciones en el interior y algunos analistas comienzan a proyectar un escenario de fragmentación que podría derivar en una estructura federativa, similar a la que atraviesa el sector de seguridad privada tras la crisis de la Unión Personal de Seguridad de la República Argentina (UPSRA).

Con este escenario, la UTA entra de lleno en un proceso electoral sin reglas claras, con liderazgos en discusión y múltiples actores en movimiento. El clima ya está instalado y, por ahora, el desenlace permanece abierto.

