El Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados, el PAMI, atraviesa un escenario de deterioro creciente que combina pérdida del poder adquisitivo de sus trabajadores, desfinanciamiento estructural, tensiones en su conducción y un conflicto abierto con médicos de cabecera que ya afecta la atención en todo el país.

Desde el Sindicato Unido de Trabajadores y Empleados del PAMI (SUTEPA) advirtieron sobre un deterioro salarial «sin precedentes», con ingresos que quedaron rezagados frente a la inflación y una consecuente caída en las condiciones de vida del personal. Según el gremio, este proceso se da en paralelo a un «vaciamiento» del organismo que impacta directamente en la calidad de las prestaciones para jubilados y pensionados.
«El escenario laboral se ha vuelto cada vez más hostil», señalaron, al tiempo que denunciaron la falta de prestaciones sociosanitarias y decisiones de gestión que debilitan áreas clave. «Sin fondos, el PAMI no funciona», resumieron.
Caos interno en el PAMI
El diagnóstico sindical encuentra respaldo y mayor profundidad en la investigación publicada por elDiarioAR, donde se describe un sistema atravesado por tensiones internas, reconfiguración de poder y problemas de gestión. En ese marco, el rol de funcionarios como, Mario Lugones -ministro de Salud-, Esteban Leguízamo -titular del PAMI-, Carlos Rojo – de la Asociación de Médicos Municipales, Carlos Zamparolo -segundo de la obra social-, y Guido Giana -viceministro de Salud- aparecen asociados a distintas áreas de decisión dentro de un esquema que, según la nota, carece de una conducción unificada.

De acuerdo con ese informe, en el organismo «empieza a consolidarse una dinámica de transferencia de recursos hacia el sector privado», a través de la derivación de cápitas y contratos que reconfiguran el rol histórico del Estado dentro del sistema. Esta lógica, sumada a disputas internas y superposición de líneas de mando, genera un cuadro de desorden que impacta directamente en la gestión.
«La superposición de capas tectónicas tiene efectos concretos en la gestión, especialmente en áreas sensibles como la social», advierte la investigación, que describe una «falta de conducción clara» que deriva en «inacción» y, en algunos sectores, directamente en «parálisis total».
Paro nacional de médicos de cabecera
A este escenario se suma el conflicto con médicos de cabecera, que profundiza el deterioro del sistema. Tal como informó Mundo Gremial, los profesionales llevaron adelante un paro nacional de 72 horas en rechazo a cambios en sus condiciones laborales y salariales, lo que generó una fuerte afectación en la atención a afiliados en todo el país.

Desde SUTEPA también alertaron sobre modificaciones unilaterales en las condiciones de trabajo de médicos y odontólogos, lo que —afirman— pone en riesgo la atención básica de salud. En paralelo, remarcaron que mientras los ingresos de prestadores y proveedores lograron acompañar parcialmente la inflación, los salarios del personal del organismo permanecen rezagados.
El sindicato vinculó el desfinanciamiento a la política económica nacional, señalando la caída de ingresos por la eliminación del impuesto PAIS, la disminución de la recaudación de ANSES y las restricciones presupuestarias. «El desfinanciamiento es político y los que sufren siempre son los mismos: las personas mayores y las y los trabajadores», afirmaron.

PAMI, un sistema en crisis
En este contexto, el deterioro del PAMI no aparece como un fenómeno aislado, sino como parte de una crisis más amplia que impacta sobre el conjunto del mundo laboral. Según remarcaron, el 60% de los asalariados formales ya recorta consumos básicos y alimentos.
Frente a este panorama, los trabajadores del organismo exigieron medidas urgentes, entre ellas un aumento salarial inmediato, la distribución del Fondo de Capacitación para todo el personal, el respaldo a los reclamos de médicos de cabecera y el cumplimiento de las leyes que garantizan derechos a las personas mayores.

Con un sistema tensionado entre el ajuste, las internas de conducción y la creciente dependencia de prestadores privados, el PAMI enfrenta una crisis que ya no solo se mide en números, sino en la calidad y el acceso efectivo a la atención de millones de jubilados y pensionados en todo el país.

