La industria del software en Argentina: un llamado al diálogo para un futuro sostenible

El sector del software argentino vive un momento de expansión, pero enfrenta desafíos estructurales. Voces gremiales y empresariales coinciden en la necesidad de un diálogo profundo para potenciar el talento local, mejorar las condiciones laborales y consolidar la soberanía tecnológica.

La industria del software en Argentina se consolida como un pilar clave para el desarrollo económico, con un crecimiento sostenido en empleo, innovación y exportaciones. Sin embargo, para que este potencial se traduzca en un impacto inclusivo y sostenible, es imprescindible abrir un debate amplio que aborde tanto los logros como los desafíos pendientes. En este contexto, las recientes declaraciones de Pablo Fiuza, presidente de la Cámara de la Industria Argentina del Software (CESSI), junto a las perspectivas de Ignacio Lonzieme, secretario general de la Unión Informática, y la postura de la Asociación Gremial de Computación (AGC), enriquecen la discusión sobre el presente y el futuro del sector.

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Pablo Fiuza, presidente de CESSI

En una reciente entrevista a Mundo Gremial, Pablo Fiuza destacó el dinamismo del sector, subrayando su capacidad para generar empleo y divisas, así como su rol estratégico en la digitalización de industrias como la banca, las telecomunicaciones y la energía. Según Fiuza, la industria del software emplea a 168.000 trabajadores registrados en más de 6.000 empresas activas y se posiciona como un motor de innovación, con firmas que compiten a nivel global gracias al talento argentino. Sin embargo, este panorama optimista -plantean desde el ámbito gremial- requiere matices y un análisis más profundo.

Distorsiones de mercado y falta de «diálogo social serio»

Ignacio Lonzieme, titular de la Unión Informática, aporta una mirada constructiva al señalar que, si bien las declaraciones de Fiuza son un punto de partida valioso, es crucial evitar que queden en meros slogans. Lonzieme advierte sobre lo que denomina la “sojización del software”: una concentración de los beneficios de la Ley de Economía del Conocimiento en un puñado de grandes empresas, dejando al margen a pymes tecnológicas, cooperativas y startups innovadoras. Esta dinámica, sostiene, no siempre se traduce en mejores condiciones salariales para los trabajadores, quienes son los verdaderos generadores de valor en la industria. “Falta franqueza al hablar de los niveles salariales reales, del grado de capacitación y de lo que se está haciendo para mejorar esas condiciones”, remarca.

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Ignacio Lonzieme, secretario general de la Unión Informática

El gremialista también pone el foco en problemáticas estructurales, como el empleo no registrado y la situación de los freelancers, muchos de los cuales combinan trabajos en relación de dependencia con ingresos en dólares, generando distorsiones en el mercado laboral. Además, Lonzieme destaca la falta de un plan estratégico nacional para el sector, que permita capitalizar el “descomunal” talento de los profesionales argentinos. “Si en la Argentina el software no creciera, sería como si no creciera pasto en el campo”, ilustra, subrayando la necesidad de planes de carrera, escalafones y un diálogo social serio para consolidar el desarrollo de hubs de inteligencia artificial y proyectos tecnológicos de alta escala.

Otro aspecto crítico señalado por Lonzieme es la informatización del sector público, que, pese a avances, enfrenta graves falencias en ciberseguridad, con vulnerabilidades detectadas con preocupante frecuencia. La protección de datos y la soberanía tecnológica, sostiene, deberían ser prioridades compartidas entre el Estado y el sector empresario, tomando como ejemplo a empresas globales como Thales o Indra, que funcionan como proveedoras estratégicas de sus Estados. “La Argentina no puede seguir sin un debate serio sobre defensa tecnológica”, sentencia.

Alinear esfuerzos para promover crecimiento integral

En esta línea, la Asociación Gremial de Computación (AGC) que encabeza Ezequiel Tosco refuerza la necesidad de mejorar las condiciones laborales y salariales del sector. En un reciente comunicado, la AGC solicitó al Gobierno una investigación sumarial a 128 empresas del rubro, como un llamado a garantizar un empleo registrado y de calidad. La iniciativa busca visibilizar las problemáticas de los trabajadores y promover un crecimiento que beneficie a todos los actores de la industria, desde las grandes empresas hasta las pymes y los profesionales independientes.

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Ezequiel Tosco, secretario general de la AGC

El debate se presenta como una oportunidad para alinear esfuerzos. Las pymes argentinas, muchas de las cuales aún operan con procesos manuales o sistemas de gestión obsoletos, podrían beneficiarse enormemente de una mayor adopción tecnológica, potenciando su competitividad. Asimismo, sectores como el agro y la industria tienen un vasto potencial para la automatización, que requiere políticas públicas y acuerdos entre empresas, gremios y el Estado.

Industria del software: Un llamado a la acción

El crecimiento del sector informático, como destaca Lonzieme, es motivo de celebración, pero también un llamado a la acción. La ausencia de diálogo sobre temas como el empleo no registrado, la falta de planes de carrera y la distribución inequitativa de los beneficios amenaza con limitar el impacto de esta industria estratégica. Por ello, la Unión Informática y la AGC coinciden en la necesidad de un enfoque inclusivo, que valore el talento argentino y evite que el progreso tecnológico derive en desigualdad o exclusión laboral.

«No hay que romantizar ni “barnizar” los nubarrones del crecimiento y la expansión de la informática y la inteligencia artificial. Es cierto que estas tecnologías van a reemplazar tareas —no personas, pero sí tareas—, y el proceso de transición no ocurre de manera automática. Requiere planificación, formación y acuerdos entre todos los sectores para poder afrontar un desafío tan complejo, evitando que el progreso tecnológico se convierta en fuente de desigualdad o exclusión laboral», apuntó Lonzieme.

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Y concluyó: «El optimismo tecnocrático, cuando no se apoya en bases laborales sólidas y en una visión humanista del desarrollo, termina generando errores enormes en las implementaciones, obligando muchas veces a retroceder en intentos de avance tecnológico en distintos campos de la vida nacional».

En un contexto donde la inteligencia artificial y la digitalización transforman el mundo del trabajo, Argentina tiene la oportunidad de liderar con una visión humanista y estratégica. El talento de sus profesionales, reconocido globalmente, es un activo que debe ser acompañado por políticas que promuevan condiciones laborales justas, inversión en capacitación y una verdadera soberanía tecnológica. Como señala Lonzieme, “sin una jerarquización y debida valoración del trabajo informático, todos estos objetivos son completamente inviables”. El desafío está planteado: el futuro del software argentino depende de un debate abierto, inclusivo y con visión de largo plazo.

FUENTE: Mundo Gremial