Tras años de inestabilidad financiera, la empresa de alimentos Tía Maruca decidió poner fin a la fabricación propia en la provincia de San Juan. La planta industrial ubicada en la localidad de Albardón, que fuera el corazón productivo de la marca, ya no elaborará sus tradicionales galletitas, marcando un giro estratégico hacia la tercerización de la producción.

La medida responde a la necesidad de la firma de reducir costos fijos y garantizar su supervivencia en un contexto económico complejo, caracterizado por la retracción del consumo interno y las dificultades para acceder a líneas de crédito. A partir de ahora, la marca implementará el modelo conocido como “a façón”, encargando la elaboración de sus productos a fábricas de terceros para mantener su presencia en las góndolas sin sostener la estructura de una planta propia.
Traspaso de la planta y estabilidad laboral
Pese al retiro de la marca, el establecimiento de Albardón no cerrará sus puertas. La planta fue adquirida recientemente por Juan Carlos Crovela, un empresario con trayectoria en los rubros del azúcar y la harina. Según trascendió en la provincia, la nueva gestión regularizó las deudas salariales y aguinaldos pendientes, estabilizando el clima laboral tras un extenso período de incertidumbre.
La fábrica informó que conservará a su plantilla de casi 300 trabajadores. Sin embargo, el centro industrial cambiará su enfoque: dejará de producir para la firma de Ripani y pasará a abastecer a otras compañías del sector alimenticio, funcionando como un prestador de servicios industriales para terceros.
Una crisis sostenida desde 2019
El presente de Tía Maruca es el resultado de un deterioro financiero que se arrastra desde hace años: en 2019 la empresa ingresó en concurso preventivo con deudas estimadas en 300 millones de pesos. En el 2024 el grupo Argensun Foods, fabricante de las semillas Pipas, tomó el control del 50% del capital, permitiendo homologar el concurso y ordenar la situación de los cheques rechazados. En octubre de 2025, la firma ya había concretado el cierre de su planta en Chascomús, lo que derivó en el despido de 27 operarios tras reiterados retrasos en el pago de haberes.
El fin de una era industrial
La planta de Albardón, adquirida originalmente a PepsiCo en 2017, representó el momento de mayor expansión de Tía Maruca, llegando a controlar el 5% del mercado local de galletitas. En aquel entonces, la fábrica no sólo elaboraba marcas propias como Dale y Argentitas, sino que también producía las galletitas Toddy bajo contrato.
Hoy, bajo el control compartido entre Alejandro Ripani y Argensun Foods, la marca busca reinventarse mediante un esquema más ágil. Si bien trascendió la posibilidad de un «cierre definitivo» de la marca en la provincia, la realidad técnica indica un cambio de modelo: Tía Maruca sobrevive como marca, pero deja de ser una empresa con producción industrial propia en San Juan para convertirse en una comercializadora que terceriza su elaboración.

