El abogado Jorge Samouelian expresó: “Mi convencimiento es que con estos proyectos lo que producimos es lo contrario a reducción de costos”. “Hoy el tema es mejor dejarlo como está y respetar los regímenes vigentes y la autonomía colectiva. La jornada ha sido adecuada a la realidad de cada actividad por la negociación entre sindicatos, quienes defienden los derechos de los trabajadores, entidades empresarias y avaladas por el Ministerio. Cuando queremos hacerlo por ley, abarcando a todos los trabajadores y sectores, pecamos por los hechos“, opinó.

Para Virginia Giordano, jefa de investigaciones del Instituto para el Desarrollo Social Argentino, afirmó que “ya dos de cada tres trabajadores en Argentina hacen una jornada laboral reducida, con lo cual un punto a favor es que la ley se adecuaría a algo que ya está sucediendo”. Sin embargo, “solamente un tercio de los trabajadores tienen empleo asalariado registrado”, indicó.

La economista precisó que los trabajadores argentinos trabajan en promedio “40,2 horas semanales”. “Los potenciales beneficiados por un cambio en la legislación van a ser un 15% de los ocupados”, apuntó y estimó que “pasar de ocho a seis horas tendría un costo laboral de 33% para las empresas”.

Giordano insistió que estos cambios “no van a tener muchos efectos e incluso pueden traer dolores de cabeza a las empresas”; aunque sí se mostró a favor que se fomente el teletrabajo, “que sí tiene evidencias de mejorar la productividad”.

Por último, Analía García y Sergio Arce subrayaron la necesidad de modernizar el régimen laboral y aseguraron que “la reducción de la jornada laboral es una deuda que se tiene con la clase trabajadora”.