Desde la asunción del presidente Javier Milei, el mercado laboral formal argentino sufrió una contracción alarmante. Entre noviembre de 2023 y marzo de 2025 se perdieron 196.000 empleos formales, lo que equivale a una caída del 1,9 % sobre el total de trabajadores registrados. Al mismo tiempo, el salario mínimo real cayó un 32 %, alcanzando su nivel más bajo en más de dos décadas, incluso por debajo del valor registrado en 2001, previo al colapso de la convertibilidad.
Los datos surgen de un informe elaborado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en base a estadísticas del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). El relevamiento incluye al empleo asalariado formal en los sectores privado, público y de casas particulares.
En marzo de este año —último mes con datos disponibles—, el total de asalariados registrados fue de 10,104 millones, cifra que iguala los niveles observados en julio y agosto de 2024, confirmando un estancamiento del empleo tras una larga fase de caída iniciada en septiembre de 2023. Solo el empleo privado mostró leves signos de recuperación en el segundo semestre del año pasado, aunque insuficientes para revertir la tendencia: en marzo de 2025, el número de trabajadores registrados en el sector privado era de 6,25 millones, aún lejos de los 6,36 millones de noviembre de 2023.
En términos interanuales, entre marzo de 2024 y marzo de 2025 se perdieron 71.000 empleos formales, y el retroceso persiste en un contexto de política económica marcada por el ajuste fiscal, la desregulación estatal y la falta de medidas activas para la reactivación productiva.
El derrumbe del salario mínimo
El informe también destaca la abrupta caída del salario mínimo vital y móvil, que entre noviembre de 2023 y mayo de 2025 se redujo en un 32 % en términos reales, ubicándose por debajo del nivel registrado en 2001. Además, representa una pérdida del 62 % respecto al pico histórico alcanzado en septiembre de 2011, cuando el salario mínimo fue una herramienta central de recomposición del ingreso.
Esta caída en el salario mínimo tiene un fuerte impacto no solo en el sector de trabajadores no convencionados, sino también como referencia para programas sociales, becas, prestaciones y escalas salariales de baja remuneración, amplificando sus efectos regresivos en la estructura social.
Un panorama crítico para el trabajo argentino
Los datos difundidos por la UBA confirman el deterioro sostenido del empleo registrado y del poder adquisitivo desde el inicio del actual gobierno, en línea con los efectos que viene advirtiendo el movimiento sindical en diversos sectores.

