Radiografía de los ingresos en Argentina: brechas persistentes y fuerte segmentación del trabajo

El informe del INDEC revela diferencias marcadas entre formales e informales, desigualdad de género y una concentración del ingreso que se mantiene elevada.

El mapa actual de los ingresos en Argentina muestra una estructura profundamente desigual y segmentada, en la que el trabajo continúa siendo la principal fuente de recursos, pero con fuertes disparidades según nivel socioeconómico, formalidad laboral y género.

De acuerdo con el último informe sobre distribución del ingreso correspondiente al cuarto trimestre de 2025, el 62,6% de la población percibe ingresos, con un promedio individual de $1.011.863. Sin embargo, esa media convive con una marcada dispersión: mientras los sectores de menores ingresos promedian $351.028, los de mayores ingresos alcanzan $2.476.247.

Un mercado laboral fragmentado

El ingreso promedio de la ocupación principal se ubicó en $1.068.540, con una mediana de $800.000, lo que implica que la mitad de los trabajadores cobra por debajo de esa cifra. La distribución según tipo de inserción laboral presenta diferencias marcadas:

Los asalariados con descuento jubilatorio registran un ingreso medio de $1.124.543.

Los asalariados sin descuento jubilatorio promedian $596.432.

Los cuentapropistas alcanzan $967.891.

Los patrones presentan los mayores ingresos del grupo, con $2.019.649.

La diferencia evidencia que los ingresos formales prácticamente duplican a los informales, consolidando una brecha estructural dentro del mercado de trabajo.

Ingresos: Desigualdad de género

El informe también confirma una brecha persistente entre varones y mujeres. Los ingresos promedio masculinos alcanzan $1.191.364, mientras que los femeninos se ubican en $838.336.

Esta diferencia atraviesa toda la distribución y constituye otro eje central de desigualdad en el mercado laboral.

Alta concentración del ingreso

La desigualdad general se mantiene en niveles elevados. El coeficiente de Gini se ubicó en 0,427, con una leve mejora respecto al año anterior.

Sin embargo, la distancia entre extremos sigue siendo significativa: el decil de mayores ingresos percibe 17,9 veces más que el de menores ingresos.

En los hogares de menores ingresos se observa una mayor fragilidad estructural. Allí, los ingresos no laborales —como jubilaciones, subsidios o ayudas— tienen mayor peso: representan el 67,7% del total en el decil más bajo, frente a solo 12,3% en el más alto.

A esto se suma una mayor carga de dependencia:

Estos indicadores muestran que los sectores más postergados combinan menores ingresos con mayor presión sobre quienes sí generan recursos.

La pérdida del empleo industrial

Un esquema que se mantiene

El informe señala una leve mejora en el indicador global de desigualdad, pero sin cambios en las brechas estructurales. La distancia entre los extremos de la distribución permanece estable, al igual que las diferencias por género, por formalidad laboral y por inserción económica.

El empleo sigue siendo el principal organizador de los ingresos, aunque para grandes sectores de la población trabajar no garantiza salir de la zona de vulnerabilidad. La estructura actual consolida una segmentación profunda, con sectores formales que acceden a ingresos razonables y amplios segmentos informales que permanecen rezagados.

 

FUENTE: Mundo Gremial