En el siempre movedizo universo sindical del casino, donde las alianzas suelen durar lo que una mala tirada. La Asociación de Empleados del Casino y la Asociación de Maestranza, que hasta hace poco marchaban alineadas bajo la consigna de la emergencia salarial, hoy transitan un escenario de reproches cruzados y pases de factura públicos.
Marcos Labrador y Roberto “Chucho” Páez, protagonistas de esta novela breve pero intensa, pasaron del trabajo conjunto al reclamo en solitario con una velocidad digna de la ruleta. El quiebre, como casi siempre, tuvo nombre y apellido: Salario. O, más precisamente, cuánto pedir y cómo hacerlo. Lo que para algunos fue leído como prudencia, para otros sonó a resignación. Y ahí se terminó el consenso.

La pelea por el salario y la ruptura pública
La idea inicial era un mensaje conjunto, con una consigna compartida y la emergencia salarial bien visible. Pero la unidad no resistió. Desde la Asociación de Empleados del Casino decidieron avanzar con un afiche propio y subirlo a redes sociales, marcando distancia del resto.
La respuesta de Maestranza no tardó en llegar y fue, como marca la época, también por redes. Chucho Páez apeló a la memoria política y lanzó una acusación directa:«Papelón es haber hecho campaña y votar por Mauricio Macri y María Eugenia Vidal en 2015 y pretender hoy ser kirchnerista de primera hora. Eso no es evolución política: Es oportunismo». El cruce dejó expuesta una interna que se suma a un escenario salarial cada vez más asfixiante.

Mientras tanto, la emergencia sigue intacta. Los sueldos no alcanzan y la tan mentada unidad sindical quedó girando en la ruleta, a la espera de que vuelva a salir el número de la coincidencia. Por ahora, no paga.
En paralelo, los trabajadores nucleados en la Asociación Gremial de Administración, Maestranza y Servicios (AMS) vienen sosteniendo un reclamo que trasciende lo sectorial y apunta a una problemática estructural: el endeudamiento creciente de los trabajadores estatales como consecuencia de la pérdida sostenida del poder adquisitivo. Hasta el momento, desde la Provincia —y con una metáfora que se repite en los pasillos sindicales— Kicillof “no le da bola”.
Los conducidos por Páez, desde AMS elevaron al Ministerio de Economía bonaerense una propuesta concreta para la creación de un programa de alivio y reestructuración de deudas. El diagnóstico no es nuevo: salarios depreciados, estabilidad laboral que no alcanza y hogares obligados a financiar la canasta básica con tarjetas de crédito, préstamos o, en los casos más graves, prestamistas informales.
Desde el gremio advierten que el sobreendeudamiento no es una elección de los trabajadores, sino el resultado de un contexto macroeconómico que los empuja al límite. Por eso insisten en que la iniciativa no debe ser leída como un gasto, sino como una inversión estratégica: ordenar las deudas, fortalecer la fuerza laboral, reactivar el consumo interno y preservar la paz social.

