Según distintos informes oficiales y privados, el salario real de buena parte de los trabajadores se estancó o se redujo respecto a fines de 2023, mientras los costos fijos treparon como nunca en décadas. “Este modelo empobreció la dieta y comprometió el futuro de la mayoría de los trabajadores”, afirma un análisis sobre la evolución económica reciente.
Para la mayoría de los empleados públicos nacionales, la pérdida de poder adquisitivo fue especialmente brutal: cerraron 2025 con un deterioro real de más de 30% respecto a fines de 2023. Entre los trabajadores del sector privado formal, el ingreso real terminó prácticamente igual que dos años atrás, lo que implica una caída al compararlo con los precios que enfrentan a diario las familias.
El impacto más visible para cualquier trabajador está en los servicios y la vivienda. Un estudio sobre tarifas muestra que entre diciembre de 2023 y octubre de 2025 la luz acumuló un alza de 344% y el gas de 617% —muy por encima de la inflación general y de los salarios—, lo que significa que gran parte del ingreso familiar ahora va a pagar luz y gas. “Las tarifas crecieron más del doble que la inflación y más de 100 puntos por encima de los sueldos”, subraya el informe.
Los alquileres, tras la derogación de la antigua ley, llegaron a consumir hasta el 73% de un salario promedio en 2024 y se mantuvieron en niveles altos que siguen presionando a sectores populares y a la clase media.
Esta presión sobre el ingreso también se ve en la comida y otros bienes cotidianos. Aunque el poder de compra de algunos alimentos básicos bajó —con menor capacidad de comprar café o carne con el salario—, productos más baratos como arroz o fideos se volvieron más accesibles, reflejando una reconfiguración regresiva de la canasta de consumo hacia opciones de menor calidad nutricional.
Desde organizaciones de trabajadores y economistas advierten que, más allá de la desaceleración de la inflación que celebran desde algunos sectores oficiales, la disputa entre salarios y precios sigue siendo desigual. Como dice un dirigente sindical, “los trabajadores no sentimos la baja de la inflación en nuestros bolsillos cuando la mayoría de nuestro ingreso se va en servicios y alquileres”. Dejando en claro que la discusión por recomponer salarios y políticas de precios continúa siendo central para la vida cotidiana de millones de hogares.
En resumen, aunque los números macroeconómicos muestren cierta tranquilidad, para la mayoría de los trabajadores el ajuste se traduce en menos ingresos disponibles y en una presión cada vez mayor de los costos esenciales sobre el presupuesto familiar.

