El ingreso medio de la población con recursos propios se mantuvo por debajo del millón de pesos durante el tercer trimestre de 2025. En un contexto en el que el salario mínimo en setiembre del año pasado se ubicaba en $ 320.000 y una familia tipo necesitaba $ 1.176.852 para no caer bajo la línea de pobreza, según datos del Indec. El escenario expone con claridad la tensión entre ingresos y costo de vida, en medio de persistentes brechas territoriales, laborales y de género.
De acuerdo con el informe de la Encuesta Permanente de Hogares total urbano que difundió el Indec, correspondiente al tercer trimestre de 2025, la población urbana alcanzó los 43,3 millones de personas. De las cuales 27,1 millones percibieron algún tipo de ingreso. El ingreso medio total individual se ubicó en $ 956.283, un valor que quedó por debajo del umbral simbólico del millón de pesos. Y que, comparado con la canasta básica total para una familia de cuatro integrantes, quedó también por debajo de lo necesario para sostener un hogar tipo fuera de la pobreza.
El dato central del relevamiento oficial es que el promedio de ingreso individual en el total urbano fue de $ 956.283. Esto implica que, aun si una persona destinara la totalidad de su ingreso al sostenimiento de un hogar tipo, no alcanzaría los $ 1.176.852 para cubrir la canasta básica total. Esto para una familia de dos adultos y dos menores. El contraste resulta aún más significativo si se tiene en cuenta que en setiembre de 2025 el salario mínimo vital y móvil era de $ 320.000. Es decir que el ingreso medio individual del tercer trimestre de 2025 equivalía a casi tres salarios mínimos de entonces. Pero aun así quedaba por debajo del ingreso necesario para que un hogar promedio no sea considerado pobre.
Según el informe del Indec, la población con ingresos representó el 62,6% del total urbano. Mientras que el 37,2% no registró ingresos propios. En términos absolutos, 16,1 millones de personas no tuvieron ingresos individuales, lo que refuerza la dependencia intrahogar y la presión sobre quienes sí generan recursos. Desde el Indec precisaron que el ingreso medio total individual de los varones fue de $ 1.112.200. Mientras que el de las mujeres alcanzó los $ 804.753. La brecha de la media del ingreso total individual entre mujeres y varones fue de 27,6%, lo que marca una diferencia estructural en la distribución de los recursos.

Ingresos laborales, no laborales y ocupación principal
El análisis por fuente de ingresos muestra que el 77,1% del total correspondió a ingresos laborales. Mientras que el 22,9% provino de ingresos no laborales, como jubilaciones, pensiones y transferencias. Entre las personas ocupadas, el ingreso medio de la ocupación principal fue de $ 914.274. También en este caso el ingreso medio se mantuvo por debajo del millón de pesos. En total, se registraron 19,3 millones de personas ocupadas, de las cuales el 98% percibió ingresos por su actividad principal.
Al observar la situación de los asalariados, la diferencia entre quienes tienen descuento jubilatorio y quienes no lo tienen es marcada. En el total de aglomerados urbanos, el ingreso medio de la ocupación principal para asalariados con descuento jubilatorio fue de $ 1.155.231. Mientras que para los asalariados sin descuento alcanzó los $ 539.053. La brecha entre ambos grupos fue de 53,3%. Este contraste refleja la segmentación del mercado laboral y el impacto de la informalidad en los ingresos. Mientras una parte de los trabajadores formales supera el millón de pesos en promedio, quienes se desempeñan sin aportes previsionales perciben menos de la mitad.
Las diferencias también se evidencian a nivel territorial. El ingreso medio per cápita familiar para el total nacional urbano fue de $ 605.535, con una mediana de $ 450.000. Sin embargo, distritos como la ciudad de Buenos Aires registraron una media de $ 1.086.336, mientras que otras jurisdicciones se ubicaron muy por debajo.
El coeficiente de Gini del ingreso per cápita familiar para el total nacional urbano fue de 0,425, mientras que el correspondiente al ingreso de la ocupación principal fue de 0,435. Estos valores dan cuenta de un nivel de desigualdad significativo en la distribución del ingreso. En los hogares con ingresos, el ingreso total familiar medio fue de $ 1.779.892. No obstante, al considerar el tamaño promedio de los hogares, que fue de 2,93 personas, el ingreso per cápita familiar promedio descendió a $ 607.958.

Brecha de género persistente
La brecha entre varones y mujeres se mantuvo como uno de los rasgos estructurales del mercado de trabajo. A nivel nacional urbano, los varones percibieron en promedio $ 1.112.200, frente a los $ 804.753 de las mujeres, con una diferencia de 27,6%. En la mediana del ingreso total individual, los varones alcanzaron $ 850.000 y las mujeres $ 560.000, lo que implica una brecha de 34,1%. La disparidad se replica en la mayoría de las provincias, con picos superiores al 30% en varios distritos. Desde el Indec señalaron que la brecha representa la distancia entre el ingreso promedio de varones y mujeres en relación con el ingreso de los varones. Y constituye un indicador clave para analizar desigualdades estructurales.
El dato de que el ingreso medio individual haya sido de $ 956.283 en el tercer trimestre de 2025 adquiere mayor relevancia al contrastarlo con los parámetros de referencia. Con un salario mínimo que en setiembre se ubicaba en $ 320.000 y una canasta básica total para una familia tipo que demandaba $ 1.176.852, el promedio de ingresos individuales quedó claramente tensionado frente al costo de vida.
Aun considerando que en muchos hogares hay más de un perceptor, la elevada proporción de personas sin ingresos propios y la persistencia de brechas laborales y de género configuran un panorama en el que el millón de pesos no fue superado por el ingreso medio. Y además resultó insuficiente frente a la línea de pobreza para una familia tipo.
Los datos oficiales del tercer trimestre de 2025 muestran así un mercado laboral heterogéneo, con segmentos formales que logran ubicarse por encima del millón de pesos. Pero con amplios sectores cuyos ingresos quedan muy por debajo de ese umbral y lejos de garantizar condiciones de vida por encima de la pobreza.

