En plena emergencia ígnea, los brigadistas nacionales cobran un 40% menos que la canasta básica, mientras sus pares de Chubut denuncian combatir sin elementos básicos de seguridad. La OMS confirmó que combatir incendios puede causar cáncer, con el mismo nivel de peligrosidad que la exposición al asbesto o la radiación.
Detrás de la épica del combate, existe una contabilidad paralela que aplasta la figura de «héroes». Mientras las brigadas se fajan contra las llamas y exponen sus vidas, sus recibos de sueldo revelan una precarización sistémica: se les exige rendimiento de alto riesgo, pero se los remunera con cifras que pierden contra la línea de pobreza patagónica.
Un relevamiento documental sobre los haberes de la Brigada Nacional Sur y los combatientes de Chubut, sumado a la nueva evidencia científica internacional, expone la grieta entre la exigencia operativa y el reconocimiento real.
Una sentencia científica: Cáncer Grupo 1
El reclamo de los brigadistas dejó de ser una cuestión gremial para convertirse en una alerta sanitaria con respaldo global. Hasta hace poco, la profesión se consideraba «posiblemente cancerígena». Sin embargo, el escenario cambió drásticamente.
En 2022, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, publicó la Monografía Vol. 132, donde reclasificó la exposición profesional de los bomberos y combatientes forestales al Grupo 1. En términos médicos, esto significa que hay evidencia suficiente de que la tarea puede causar cáncer (específicamente mesotelioma y cáncer de vejiga), colocándola en la misma categoría de peligrosidad que la exposición al asbesto o la radiación (Fuente: IARC Monograph on Occupational Exposure as a Firefighter).
Mientras países como Canadá o Estados Unidos aplican leyes de «presunción» —donde si un brigadista enferma, el Estado asume automáticamente que fue por su trabajo—, en Argentina el sistema previsional opera a contramano de la ciencia. Se pretende que un combatiente cargue un pesado equipamiento y opere motosierras en laderas escarpadas hasta los 65 años.
«A los 50 años el desgaste es innegable, el cuerpo ya no responde igual en la línea», explica a ADNSUR Emmanuel Pelletieri, brigadista del Servicio Nacional de Manejo del Fuego y delegado de ATE en la Brigada Nacional Sur. La exigencia es un régimen diferencial que permita el retiro a los 55 años (con 25 de servicio y 15 operativos) para que los trabajadores puedan tener una vida digna después de jubilarse.
La paradoja de una élite pobre
En el terreno salarial, la situación de los brigadistas nacionales —dependientes del Ministerio de Seguridad— roza el absurdo administrativo. La Brigada Nacional Sur es considerada la «fuerza especial» del país, con capacidad de despliegue internacional, pero sus integrantes son hoy los peores pagos del sistema.
Los recibos de sueldo son contundentes. Un brigadista nacional con tres años de experiencia percibe $928.140 de bolsillo. En una Patagonia donde la Canasta Básica supera holgadamente el $1.350.000, estos especialistas técnicos operan bajo la línea de pobreza. «Hoy somos los peores pagos. Un jefe de Brigada Nacional, de una fuerza de élite que se dedica exclusivamente a incendios, está cobrando casi lo mismo que un combatiente ingresante de una brigada provincial», detalla Pelletieri. La brecha es alarmante: sus salarios están un 40% por debajo de lo necesario para cubrir las necesidades básicas de una familia.
Chubut: el millón de cristal y el «ítem alfajor»
La realidad de los combatientes provinciales de Chubut presenta otra complejidad. Si bien el salario neto parece más competitivo —un ingresante ronda el millón de pesos y un veterano el millón y medio—, la arquitectura del haber es frágil. El sueldo básico de un ingresante es de apenas $390.000, completándose el resto con sumas no remunerativas que no impactarán en la jubilación futura.
Pero el detalle que genera mayor indignación en los cuarteles es la valoración monetaria del esfuerzo. En los recibos provinciales, el ítem por “Presentismo” figura con un valor de 375 pesos (menos que e valor de un alfajor). La cifra es simbólica en el peor de los sentidos. A su vez, el adicional por “Tareas Riesgosas” —el precio que el Estado le pone al peligro de muerte— se paga 173.583 pesos.
«Estoy arriesgando mi vida por 173 mil pesos», analiza un brigadista provincial con una década de experiencia, quien prefiere mantener el anonimato. «Es un trabajo que te tiene que gustar, pero la provincia debería reconocerlo con otro valor económico», sentencia.
Coser para poder trabajar
La crisis operativa es transversal. La seguridad material del combatiente ha quedado relegada, en muchos casos, a la autogestión. En la Brigada Nacional, la falta de gestión en las compras estatales ha llevado a una situación límite: hace tres años que no se entrega indumentaria ignífuga nueva. Esto obliga a los brigadistas a remendar en sus casas trajes vencidos y desgastados, convirtiendo la costura doméstica en una medida de seguridad laboral.
En la esfera provincial, la preocupación pasa por la falta de herramientas críticas. Durante los recientes combates en la cordillera, las cuadrillas debieron realizar ataques nocturnos —fundamentales para aprovechar la baja temperatura— sin el equipamiento lumínico adecuado. «No te dan una linterna. Estás con una motosierra, de noche y con fuego al lado, el riesgo se multiplica», relata el combatiente chubutense, quien además señala la mala calidad de la ropa provista y el uso de mochilas de agua con diez años de antigüedad.
Los reclamos
El malestar en las bases trasciende lo económico y apunta a la desconexión entre la gestión política y la realidad del terreno. Existe una sensación generalizada de que la emergencia se utiliza como vidriera mediática mientras se dilatan las soluciones de fondo.
Desde las filas provinciales reclaman una reapertura de las paritarias. «Nos deben la recomposición hace tiempo», aseguran los trabajadores. Según argumentan desde el sector, el Gobierno especula con la responsabilidad de los brigadistas: «En el verano nos tienen cautivos de la emergencia, y en invierno se hacen los distraídos», resumen.
Mientras la burocracia traba la compra de repuestos para las autobombas nacionales y la inflación licúa los salarios provinciales, los brigadistas siguen subiendo a la montaña. Lo hacen con la certeza de que su trabajo es vital, pero con la evidencia de que, para el Estado, su salud y su seguridad seguiría siendo una variable de ajuste.

