Según informaron distintos medios especializados y económicos, la firma ya había iniciado un fuerte achique durante los últimos meses, con el cierre de 11 locales y despidos previos. Finalmente, la empresa decidió bajar las persianas de las 33 sucursales que aún mantenía activas en distintos puntos del país, incluyendo la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y Salta.
La cadena, que desembarcó en la Argentina en 2002 con un modelo basado en medicamentos genéricos y precios bajos, acumulaba una deuda millonaria vinculada a obligaciones laborales, cargas sociales impagas y compromisos con proveedores y laboratorios. De acuerdo con publicaciones periodísticas, el pasivo total superaría los 7.300 millones de pesos y rondaría además los 10 millones de dólares en distintas contingencias financieras.
Trabajadores denunciaron atrasos salariales, pagos fragmentados, falta de aportes previsionales y despidos sin indemnización. Incluso, varios empleados aseguraron haberse enterado del cierre mediante mensajes internos enviados por la empresa.
La firma mexicana había intentado vender la operación local para evitar el cierre total, aunque las negociaciones no prosperaron. Como alternativa, se evalúa la venta individual de algunas sucursales y otros activos para afrontar parte de las deudas pendientes.

