27 de abril de 1979: La primera huelga general a la dictadura militar

Por Lic. Emmanuel Bonforti – Columnista de Mundo Gremial

La redefinición de la relación (…), entre el capital y el trabajo tuvo la magnitud que sólo puede entenderse como una revancha oligárquica sin precedentes históricos en el país (…). Desde el golpe Estado en adelante, los trabajadores fueron perdiendo los derechos laborales más básicos y elementales que habían conquistado a través de las luchas sociales desarrolladas a lo largo de muchas décadas.

Eduardo Basualdo.

Existe un consenso teórico político en que la última dictadura militar significó la mayor experiencia de violencia política del siglo XX en Argentina. Su rápido avance sobre diferentes organizaciones políticas, civiles, gremiales imposibilitó una organización que pueda frenar la avanzada oligárquica. Generalmente la literatura política indica que los primeros nucleamientos capaces de enfrentar públicamente a la dictadura fueron los organismos de derechos humanos. Sin embargo, en el ámbito de la divulgación o la producción académica resulta difícil rastrear experiencias de resistencia por parte del sindicalismo. Este artículo viene describir brevemente el contexto y el desarrollo de la primera huelga obrera al gobierno militar, momento épico en la construcción de la identidad del movimiento obrero organizado.

La situación económica social a partir de 1976.

De acuerdo a diferentes estudios económicos y sociales del período, la dictadura imprimió en materia de plan económico el paradigma de la valorización financiera, es decir, la prioridad de la especulación sobre el trabajo y la producción. Esto posibilitó que parte del capital obtenido producto del trabajo, se derive en la compra de activos financieros, bonos, títulos, etc., dejando de lado la reinversión de utilidades industriales al mundo del trabajo.

La valorización financiera al desplazar el eje de la producción hacia la especulación impactaría inicialmente en la reducción del salario real de los trabajadores y posteriormente será la consecuencia de un nuevo flagelo a la que Argentina no estaba acostumbrada, la desocupación. Dentro de la cadena de victimas sociales apetecidas por la dictadura no solo figuraba el movimiento obrero sino también la tan mentada burguesía nacional ya que el paradigma de la valorización financiera apuntaba a la descapitalización de las industrias en general, impulsando además la libre importación de productos manufacturados. Sin mercado interno vigoroso, sin protecciones industriales elementales que cualquier país capitalista necesita el horizonte empezaba a ser oscuro para el mundo del trabajo en un sentido integral.

Asistimos a un experimento novedoso y a una redefinición de alianzas al interior de la clase dominante. Como dice Eduardo Basualdo, los sectores dominantes luego del golpe del 55 tanto en sus expresiones de dictadura como dictablanda consideraban que apostar al crecimiento económico era una de las formas para superar las contradicciones sociales. Vemos acá un eje represivo pero sostenido aún en el paradigma productivo, donde la coacción estatal estaba orientada a la dinámica propia del mundo del trabajo, es decir, aumentar los niveles de producción fabril, para esto acudían permanente a socavar con métodos “legales” o represivos a las organizaciones gremiales. A partir de 1976 hay una redefinición de los mecanismos de disciplinamiento, la lógica ya no se orienta a aumentar los niveles de producción y de la represión se pasa al aniquilamiento del conjunto de las organizaciones populares. Con esto vemos que la dictadura no tiene como objetivo único la represión de las organizaciones político militares sino de la totalidad de las organizaciones sociales. En el fondo no es más que una revancha sin precedentes al mundo del trabajo bajo el paragua de una redefinición del capitalismo internacional.

Uno puede identificar el aspecto regresivo de la política económica militar en relación al mundo del trabajo en dos puntos. El primero, la reversión a la tendencia en la distribución del ingreso, ya no es posible hablar de puja salarial, ya que el resultado es univoco, el movimiento obrero en su totalidad sufrirá las consecuencias de la sensible reducción en los salarios. El segundo punto es la desocupación, en este sentido debemos detenernos en las estadísticas del período, donde no solo se observa un aumento en la desocupación, sino que sobre todo ésta afecta a la rama industrial del mundo del trabajo. Con lo cual observamos una decisión que tiene que ver con una reducción de la capacidad industrial.

La situación al interior del mundo obrero a partir de 1976.

Como dice Mario Rapoport el Proceso de Reorganización Nacional apuntó a desarticular la organización sindical y la movilización de los trabajadores. Reforzando esta idea, además de la imposición de un modelo económico la dictadura militar tuvo como tarea principal desarticular la organización obrera, para esto se basta de su aparato de represión ilegal pero también de represión “legal”. Es decir, todo el desarrollo de una batería de leyes y medidas que tenían como destinataria la actividad sindical.

De esta manera, quedaba intervenida la CGT, se va a declarar ilegal las 62 Organizaciones, diferentes entidades gremiales fueron intervenidas, la UOCRA, la UOM, FOETRA. Entre algunas desapariciones de compañeros trabajadores podemos mencionar Oscar Smith de Luz y Fuerza y el dirigente farmacéutico Jorge Di Pascuale, entre otros. En este contexto también se derogaron veinticinco artículos de la Ley de Contrato de Trabajo, a los fines de flexibilizar el empleo.

Para llegar a la primera huelga contra la dictadura es interesante destacar antecedentes que dan cuenta del patriotismo del movimiento obrero. Porque en este contexto enfrentar la entrega del trabajo nacional impulsado por la dictadura era todo un gesto que explicaba el desarrollo de conciencia nacional de nuestro movimiento obrero. Entre estos antecedentes mencionamos el memorial entregado al Ministro de Trabajo en septiembre de 1976, este documento solicitaba mejoras salariales, pero también pedía por los gremialistas detenidos y por el cese de la desocupación. En ese mes también se protagonizan las primeras huelgas reclamando ajustes salariales. La resistencia aumenta a principios de 1977 por primera vez habrá manifestaciones callejeras a través de los obreros Luz y Fuerza, posteriormente desaparecerá Oscar Smith. En esos días la CGT publicaba el primer documento donde marca su oposición a la política económica del gobierno militar.

Producto de esto la dictadura disuelve la CGT y lanza una convocatoria para que los trabajadores rectifiquen o desmientan la afiliación a sindicatos. El resultado es lapidario, la mayoría del movimiento obrero ratificaba sus diferentes afiliaciones.
De esta situación se conformará el Grupo de los 25 el núcleo más decidido y otro espacio con perfil dialoguista llamado Comisión de Gestión y Trabajo.

La huelga general del 27 de abril.

Así llegamos al 27 de abril de 1979 huelga impulsada por el Grupo de los 25 desatando una protesta y movilización masiva. En esta fecha coincidimos con la caracterización de Claudio Díaz quien considera que la huelga debiera ser recordada por la totalidad del sindicalismo argentino. Como en otras oportunidades el movimiento obrero expresaba su vocación nacional ante una reedición de la Argentina agro pastoril, el sindicalismo argentino advertía que el golpe de Estado tenía un solo destinatario y era el movimiento peronista en su conjunto.

La resolución de la convocatoria sostenía:

“Sentimos sobre nosotros la mirada inquietante de los trabajadores que podrían sentirse abandonados a su suerte, lo que determina nuestra decisión de colocarnos a la cabeza de la protesta que se generaliza para unificarla con la decisión de una propuesta nacional” (Díaz, Claudio. El Movimiento Obrero Argentino. Ediciones Fabro. Argentina. 2010. Pág. 267).

Como siempre la prensa semicolonial intentará deslegitimar el contenido de la protesta, un día después Clarín titulará “El acatamiento al paro fue parcial”.

A modo de conclusión el movimiento obrero sigue padeciendo las consecuencias de la política de desindustrialización y aún no logró recuperarse, el golpe ha sido fuerte, ya que la consecuencia de fondo fue la disolución del paradigma civilizatorio que expresaba del mundo del trabajo y del peronismo. Se intentó instaurar un antiproyecto de país que apuntó a que el trabajador pase a ser trabajador precarizado, desindicalizado, para llegar a ser trabador desocupado.

Por último, con estas líneas queríamos recuperar la gesta de la primera huelga general a la dictadura, revalorizar la organización gremial, discutir la hipótesis que la represión ilegal estuvo destinada únicamente a las organizaciones armadas, cuando en realidad la represión tuvo carácter integral siendo el movimiento obrero uno de sus principales destinarios, ya que el objetivo de fondo fue restructurar un sistema de producción industrial diseñado por el peronismo con su correlato en la movilidad social ascendente que precisamente la dictadura viene quebrar a través del impulso al paradigma de la valorización financiera.

* Emmanuel Bonforti es docente de la materia Pensamiento Nacional y Latinoamericano, Departamento de Planificación y Políticas de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa)

 

Fuente: Mundo Gremial